Ciudad de México, 6 de julio de 2026.- El sueño mundialista de México terminó en el Estadio Azteca. La Selección Mexicana quedó eliminada de la Copa Mundial 2026 tras caer 3-2 ante Inglaterra en los octavos de final, en un partido intenso, dramático y cargado de emociones que mantuvo viva la esperanza tricolor hasta los últimos minutos.
Inglaterra tomó ventaja con una actuación determinante de Jude Bellingham, autor de un doblete, y con un penal convertido por Harry Kane. México respondió con goles de Julián Quiñones y Raúl Jiménez, pero el esfuerzo no fue suficiente para evitar la eliminación ante una de las selecciones favoritas del torneo.
La derrota puso fin a la etapa de Javier Aguirre al frente del combinado nacional. El técnico mexicano se despidió con un mensaje de orgullo hacia sus jugadores y reconoció que le hubiera gustado cerrar su ciclo con una victoria, aunque destacó la entrega del grupo y la conexión que logró recuperar con la afición.
Aguirre también dejó claro que el proyecto tendrá continuidad. Rafael Márquez, quien formó parte de su cuerpo técnico durante el Mundial, asumirá el mando de la Selección Mexicana para iniciar una nueva etapa rumbo al proceso de 2030. El propio Aguirre respaldó públicamente a Márquez y aseguró que cuenta con la capacidad para liderar al equipo nacional.
Aunque la eliminación volvió a dejar pendiente el anhelado objetivo de llegar a cuartos de final, el paso de México por el torneo deja señales positivas: una afición reconciliada con su selección, una base competitiva y jugadores que respondieron en escenarios de alta presión.
El reto ahora será convertir esa ilusión en un proyecto sólido. Rafael Márquez recibirá una selección golpeada por la eliminación, pero también con margen para crecer, renovar liderazgos y construir una identidad que permita competir con mayor fuerza en el próximo ciclo mundialista.
México se va del Mundial, pero no se va vacío. Se va con dolor, sí, pero también con la sensación de que el futuro puede ser distinto si el nuevo proceso logra sostener lo bueno y corregir lo que volvió a faltar en la noche decisiva.
