Redacción | La Noticia de Tlaxcala
CDMX, 27 de noviembre de 2025.- En medio de la semana en donde se conmemoró el Día Internacional para la Eliminación de la Violencia contra las Mujeres, el diputado federal Cuauhtémoc Blanco se convirtió en el centro de una nueva polémica tras difundirse un video donde realiza un gesto que fue interpretado ampliamente como misógino y ofensivo.

Ante la ola de críticas, Blanco difundió un comunicado asegurando que “no hubo intención ofensiva ni de menosprecio”, calificando la acción como un gesto aislado y sin ánimo de confrontación. Sin embargo, la aclaración llegó tarde y con un tono que para muchos evidencia más un intento de control de daños que un verdadero acto de empatía o responsabilidad pública.
El exgobernador insistió en apelar a la dignidad, la mesura y el respeto, pero en su mensaje evitó reconocer directamente el impacto que tiene un comportamiento así en un país donde la violencia contra las mujeres es una realidad dolorosa y cotidiana. Para organizaciones feministas, especialistas y ciudadanos, la respuesta del legislador refleja la distancia entre el discurso institucional y la conducta real de quienes ocupan un cargo público.
La gravedad del momento no es menor. En un día destinado a la reflexión y al compromiso con los derechos de las mujeres, el gesto trivializado por Blanco revivió la discusión sobre la falta de sensibilidad y congruencia en figuras públicas que, desde el poder, reproducen actitudes que minimizan la violencia simbólica.
Analistas consideran que el comunicado del diputado intenta desplazar la atención hacia un llamado a la “altura de miras” y al debate responsable, sin asumir plenamente la responsabilidad de un acto que él mismo reconoce que fue interpretado como ofensivo. La estrategia, sin embargo, parece insuficiente ante la contundencia de la imagen difundida y el contexto en que se produjo.
Mientras tanto, la indignación continúa creciendo en redes sociales, donde ciudadanos señalan que la postura del legislador no solo evade el reconocimiento del agravio, sino que también revela un patrón de impunidad discursiva que contribuye a normalizar las microviolencias desde los espacios de poder.
La reflexión que Blanco asegura promover empieza por la congruencia, y en esta ocasión, su gesto y su respuesta han dejado a la opinión pública con más dudas que certezas.
